En las grandes ciudades hay dos notables fuentes de historias: los taxis u¿y las peluquerías. ¿Será posible que la historia que empieza en una peluquería tenga luego continuidad en un taxi? La posibilidad es inquietante. Taxistas y peluqueros demuestran que para contar hay que tener problemas. Ambos provienen de la escuela narrativa rusa: los clientes felices no tienen historia....